Cómo Burberry utilizó el UGC para superar su problema con los 'hooligans'
En 2009, Burberry lanzó una plataforma de contenido generado por usuarios años antes de que Instagram popularizara el concepto. El resultado fue uno de los reposicionamientos de marca de lujo más eficaces de la década.

- Marca
- Burberry
- Año
- 2009
- Agencia
- Burberry in-house
- Sector
- Fashion & Apparel, Luxury
En 2009, Burberry arrastraba un dilema que ninguna campaña publicitaria convencional podía solucionar. El problema tenía un estampado reconocible: el tartán de cuadros. Ese icónico patrón en tonos beige, negro y rojo que forraba cada gabardina, bufanda y gorra había sido adoptado masivamente por una subcultura urbana con la que la firma no deseaba tener ningún vínculo. Los tabloides británicos publicaban fotografías de hinchas violentos vestidos con ropa de cuadros de Burberry. El futbolista Patrice Evra lo vestía. Bandas juveniles lo llevaban. En ciertas zonas de Inglaterra, dejarse ver vestido de pies a cabeza con el estampado de Burberry se interpretaba casi como una señal de intimidación antes que como una elección de moda.
La compañía ya había empezado a recortar el uso del patrón, reduciendo su visibilidad exterior. Pero lo que Burberry precisaba no era simplemente suprimir un diseño; requería una narrativa renovada, y necesitaba que fueran personas reales quienes la contaran.
El contexto
Angela Ahrendts asumió el cargo de consejera delegada en 2006 e incorporó a Christopher Bailey como director creativo, forjando una alianza que se convertiría en una de las más estudiadas del sector de la moda. Su análisis fue quirúrgico: la firma había perdido su coherencia discursiva. Durante la década de 1990 había concedido licencias de forma desmedida, permitiendo que sus cuadros aparecieran en cualquier soporte, desde abrigos para perros hasta encendedores, degradando un símbolo de sastrería británica a un dibujo mercantilizado. Rescatar la marca exigía reivindicar la gabardina: el producto fundacional, el que atesoraba una procedencia auténtica.
La gabardina poseía legitimidad histórica. Burberry inventó el tejido de gabardina en 1879. Sus abrigos acompañaron a Shackleton a la Antártida y a los oficiales británicos en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Humphrey Bogart lució una en el cine; Audrey Hepburn la inmortalizó en la pantalla. La prenda acumulaba un siglo de prestigio cultural indiscutible. Lo que la marca requería era reconectar a los consumidores contemporáneos con ese legado, logrando que vestir una gabardina de Burberry fuera un acto de pertenencia a una tradición y no una simple transacción comercial.
La intuición fue tan elemental como premonitoria: los clientes que todavía amaban a Burberry y vestían sus abrigos con orgullo ya compartían esa devoción en privado. La marca simplemente no les había brindado un escenario para mostrarlo.
La campaña
Art of the Trench vio la luz en noviembre de 2009, catorce meses antes de que naciera Instagram. La plataforma consistía en un portal web propio desarrollado por Burberry donde cualquier persona podía enviar una fotografía vistiendo una gabardina de la firma. El equipo de la marca seleccionaba las mejores propuestas, las publicaba y permitía a los visitantes comentar, marcar con me gusta y compartir el contenido. Se encargaron tomas a fotógrafos profesionales para ciertas piezas, pero la inmensa mayoría procedía de clientes anónimos.
Las directrices estratégicas de la ejecución fueron muy meditadas. La selección fue implacable. El portal respiraba un aire editorial, alejándose del caos visual de una red social abierta. Las imágenes destacaban por su belleza: buena luz, entornos urbanos estimulantes y momentos cotidianos genuinos. La marca conservó el control estético mientras cedía el protagonismo autoral. Esa distinción fue crucial: a los clientes de lujo no se les invitaba a un foro desordenado, se les proponía exponer en una galería selecta.
La plataforma debutó en 45 países de manera simultánea, lo que en aquella época exigió un despliegue logístico e informático que pocos competidores se atrevían a acometer. Burberry integró botones sociales antes de que las redes sociales fueran una disciplina reglada. El usuario podía compartir su ficha directamente en Facebook desde la web, y en una época en la que muchas casas de lujo debatían si tener perfil en redes devaluaba su aura, Burberry construía herramientas nativas a su alrededor.
El contenido aportó un valor sutil pero rotundo. Cuando una mujer en Praga vestía la gabardina heredada de su abuela y enviaba la imagen, esa fotografía transmitía una autenticidad social que ningún reportaje de estudio podía fabricar. No era aspiracional en el sentido distante tradicional; era relacional. Constituía la prueba viva de que alguien como tú disfrutaba de esa prenda. Alguien con una vida, un entorno y una historia propia.
Por qué funcionó
El éxito de la campaña respondió a varios factores que se potenciaron mutuamente.
En primer lugar, la sincronización temporal. Burberry se anticipó a su era. Las marcas que triunfaron en las plataformas sociales a principios de la década de 2010 lo lograron en parte porque dieron el paso cuando el espacio estaba despejado y los moldes no se habían endurecido. Art of the Trench fijó el estándar de Burberry (comunidad, patrimonio y personas reales) antes incluso de que la industria del lujo formalizara el debate sobre cómo operar en internet. Ser el primero significó convertirse en el referente indiscutible.
En segundo término, el producto encajaba con el formato. Una gabardina no es un bolso de temporada que se utiliza dos veces y se guarda en un armario. Es una prenda que acompaña a sus dueños durante décadas y envejece con ellos. Eso forja exactamente el tipo de apego afectivo que estimula relatos espontáneos. Los propietarios tenían anécdotas reales que relatar sobre su gabardina, algo difícil de suscitar con unas gafas de sol. La consigna (“cuéntanos tu historia con el abrigo”) no fue un capricho; se ideó para canalizar un vínculo preexistente.
En tercer lugar, Burberry comprendió la frontera entre participación comunitaria y criterio curatorial. Las marcas que abrieron buzones de contenido sin filtros cosecharon desorden. Burberry editó con mano firme. El portal siempre lució como la web oficial de una gran firma, solo que con modelos de carne y hueso. Esa supervisión rigurosa tranquilizó a la clientela de alto poder adquisitivo, demostrando que la marca preservaba sus estándares de excelencia al democratizar el escaparate.
Por último, la sintonía organizativa interna fue impecable. Ahrendts y Bailey compartían la certeza de que el ámbito digital no era un simple canal de comunicación, sino la marca en sí misma. Burberry invirtió con fuerza en tecnología cuando sus competidores recortaban esas partidas. Esa convicción corporativa se tradujo en un producto pulido: la web funcionaba con fluidez, la experiencia era estética y la empresa continuó apostando por ella durante años.
Los resultados
Para 2012, Burberry se coronó como la firma de lujo con mayor interacción digital según todos los índices del sector. Su comunidad en Facebook creció desde cero hasta rebasar los catorce millones de seguidores. La facturación prácticamente se triplicó entre la llegada de Ahrendts y 2014. El estigma que vinculaba a la marca con los incidentes de violencia deportiva se diluyó del relato social predominante, siendo sustituido por una reputación ligada a la innovación digital, la elegancia británica y la comunidad global.
Art of the Trench funcionó durante varios ejercicios y acumuló cientos de miles de aportaciones. Pasó a estudiarse en escuelas de negocios y manuales de marketing, mientras sus competidores intentaban replicar el modelo sin alcanzar idéntico brillo, dado que la estrategia solo da frutos cuando el compromiso institucional es veraz y el producto cuenta con una base de fieles real a su alrededor.
La gabardina recuperó su lugar como el eje vertebrador de Burberry. Conquistó los desfiles, el escaparatismo y la publicidad. El tartán de cuadros quedó en un discreto segundo plano; la prenda recuperó el protagonismo absoluto, y las personas que la vestían se transformaron en sus prescriptores más creíbles.
La lección para los profesionales del marketing actual
La tentación habitual al examinar este caso radica en extraer una fórmula superficial: diseña una web participativa, pide fotos a los usuarios y espera beneficios. Esa es una lectura equivocada. La táctica funcionó porque el diagnóstico estratégico previo fue impecable.
Burberry detectó que contaba con defensores leales que ya difundían su mensaje en voz baja. La campaña facilitó a esos entusiastas una plataforma visible y demostró a los demás que valía la pena sumarse a ella. Se trata de un marco reproducible, pero condicionado a que dichos defensores existan y el producto despierte una devoción capaz de generar relatos genuinos.
La otra enseñanza atañe al compromiso de la organización. Art of the Trench requirió una inversión tangible: en desarrollo técnico, en selección fotográfica y en la sensibilidad necesaria para moderar una comunidad mundial alrededor de una firma exclusiva. Las marcas que ensayan campañas de contenido de usuarios con presupuestos residuales suelen obtener desenlaces insignificantes. La iniciativa fue económica en una sola faceta (el material de los usuarios no conlleva derechos de rodaje) y sumamente exigente en todas las demás. Esa dualidad fue lo que la distinguió de cualquier imitación posterior.
Por último, adelantarse a los acontecimientos sigue marcando la diferencia. El momento óptimo para consolidar tu marca como pionera digital en tu sector fue 2009. El segundo mejor momento es antes de que tu competidor directo tome la iniciativa.
Resultados clave
Creció de 0 a 14 millones de seguidores
Pasó de 700 millones de libras a 2.300 millones de libras
Líder indiscutible como la firma de lujo más conectada digitalmente (Índice L2, 2012)
Análisis FODA
F Fortalezas
- Producto icónico con 153 años de tradición artesanal y legitimidad histórica indiscutible
- Alineación estratégica total entre la consejera delegada Angela Ahrendts y el director creativo Christopher Bailey
- Plataforma estrenada antes de que la competencia comprendiera el poder de las redes sociales
D Debilidades
- La marca estaba asociada en la prensa británica a la violencia futbolística y a la cultura 'chav'
- Los consumidores de lujo tradicionales evitaban vestir la marca en público para no ser juzgados
- No existía ningún manual previo sobre cómo debía comportarse una firma de lujo en internet en 2009
O Oportunidades
- Ventaja decisiva como pionera en el entorno digital de alta gama antes de la llegada de Instagram
- Clientes reales vistiendo la gabardina generaron material visual aspiracional sin costes de rodaje
- Comunidad internacional de propietarios de gabardinas deseosos de compartir sus historias personales
A Amenazas
- Riesgo de acentuar asociaciones no deseadas si la selección y moderación de imágenes fallaba
- Sectores puristas del lujo que consideraban que tener presencia en redes sociales devaluaba el prestigio
- Pérdida del control editorial estricto sobre las imágenes públicas de la marca
Las marcas de lujo no tienen que elegir entre exclusividad y accesibilidad en internet: deben seleccionar con rigor editorial implacable y actuar antes de que sus rivales definan el territorio por ellas.
¿Quieres hacer crecer tu marca en redes sociales? Ver mi servicio de marketing en redes. O ver todos mis servicios.


